domingo, 18 de diciembre de 2011

PA LUEGO ES TARDE

Rosario Suárez era natural de Oaxaca, un pueblo al norte de Veracruz y al este de Chiapas. Siempre había sido una chica sencilla, algo inculta pero muy cariñosa. O eso decía todo el mundo. Charo ayudaba siempre que podía o el tiempo se lo permitía al párroco de su iglesia, un hombre ya muy mayor que la quería como a una hija. Nunca lo supo pero había algo de cierto en aquello.


A Rosario le gustaba hacerse su propia ropa, ropa que estrenaba siempre que había baile en la plaza. No es que fuera muy bailonga pues tampoco es que la sacaran mucho a bailar, pero poco le importaba. Se quedaba allí sentada oyendo a la parranda tocar y eso le enaltecía el corazón. Para pagarse sus caprichos trabajaba en la casa de un gran hacendado como doncella, era lo único que sabía hacer. Y le iba bien, hasta que un día el hijo del potentado llegó de estudiar en la capital. Fue entonces cuando empezaron los problemas para Rosario porque la pobre se enamoró perdidamente de él.


Juan era apuesto, seductor y muy mujeriego, y pronto se dio cuenta de los devaneos de la sirvienta. Fue entre los campos de agave que ambos se entregaron a la pasión y los flirteos pasaron a mayores. Por supuesto Juan nunca la tomó en serio, jamás le prometió nada y en cuanto se aburrió de la chica, no volvió a acercarse ni a echarle cuenta. Cuando Rosario quedó encinta Juan la despreció, jurando que si no se deshacía del niño algo muy malo podría ocurrirle. Asustada, Rosario prometió que haría todo cuanto él le pidiese, incluso abortar. Prometió en falso, claro, pues Rosario era muy temerosa de Dios, y sabía muy bien que lo que él le pedía era un pecado, una aberración, una falta a su credo, por eso guardó su embarazo en secreto; y durante siete meses nadie se percató de su estado.


La noche en la que se puso de parto llovía a cantaros. Todos los caminos estaban cerrados. La noche oscura sólo se iluminaba cuando los intermitentes relámpagos alumbraban las humedecidas paredes blancas de la hacienda. Entre gritos y espasmos de dolor Rosario trató de dominarse, pero no pudo. Así fue como todo se destapó pues sus chillidos alertaron a Juan y a su padre.


-¡Pero tú no puedes ser el responsable Juan!-gritó el potentado rojo de ira,-esta chica te ha engañado...

-Papá, es mi hijo-le aseguró éste muy dolido pues sabía muy bien que la chica sólo había tenido ojos para él,-¿qué puedo hacer?, sólo tengo dieciocho años, no quiero ser padre tan joven.

-Nada, porque jamás lo vas a reconocer, es más, ese bastardo no puede nacer...


Asistida por otra de las doncellas el hijo de Rosario nació. Para alegría del hacendado el niño nació muerto o eso le dijeron a la pobre Rosario cuando impaciente esperó a que lo colocaran al calor de su pecho.


Por unos momentos debió creerlo, pero antes de que se lo llevaran envuelto en una manta ella reconoció un pequeño llanto y a aquello se aferró.


"Estaba vivo, estaba vivo y se lo van a llevar, lo van a separar de mí", pensó y aunque dolorida, trató de zafarse de las sabanas para impedir que se lo quitaran. "Pa luego es tarde", pensó Rosario, "tengo que detenerlos ahora". Y salió corriendo bajo la rabiosa tormenta para ver si podía detener la camioneta que se alejaba por el camino de tierra. Gritó y gritó hasta que se hizo daño en la garganta. Corrió y se esforzó por alcanzar el coche que se perdía en la lejanía pero nada pudo hacer para que la cortina de agua no se lo tragase. Y sus pies descalzos resbalaron en el barro del camino y no pudo detener al vehículo, ese en donde se iba el ser más importante de su vida, sangre de su sangre, entraña de sus entrañas. Y allí se quedó la pobre Rosario, llorando bajo la lluvia. "Pa luego es tarde" se repitió..."es tarde".



Rosario jamás supo si aquel niño vivió o murió, porque nadie le enseñó nunca una tumba ni le dio refencia alguna. La pobre vivió con la duda y el dolor, aferrada a la ropita que ella misma había hecho, pensando siempre que aquella noche había oído llorar a un bebé. Pobre Rosario Suárez, empezó a decir la gente del pueblo al verla llorar por las esquinas. Pobre, pobre Rosario Suárez...la llorona.


Autora: Ana Belén González Herrera
http://bohemiomundi.blogspot.com/
Fotografía: Aarón Moreno Borges

Modelo: Rosario Suárez

2 comentarios:

Ana dijo...

Gracias Aarón por publicar otro de mis relatos en tu blog, y sobre todo por buscar una foto apropiada para él, ha quedado muy bien.
Felices fiestas. Un abrazo
:D

Aarón dijo...

De nada Ana. Son relatos que tienen un capa bastante gruesa de realidad, de ahí su interés.

Igualmente, estaremos en contacto pronto. Un saludo compañera.