viernes, 7 de agosto de 2009

ZULEIMA, ARENA Y SAL






















"Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."
Joaquín Sabina, cantautor

El profundo abismo de angustia de la soledad, tantas veces compañera de vida, se sobrelleva muchas veces con la creación en mi mente de un mundo paralelo al mío, un mundo utópico y feliz que haga sentir menos fuerte a la semilla de la soledad que germina en todo ser humano a lo largo de su vida. La mayoría de las veces creciendo tan deprisa, que casi no te das cuenta hasta que caes en la melancolía y la depresión. Y para afrontarlo todo de la mejor de las maneras te apoyas en los recuerdos vividos, las pequeñas satisfacciones del día a día y la ilusión por seguir adelante.
Así me siento yo, Juan Oreste, al final del camino, al final de la vida con la única ilusión de seguir adelante para reencontrarme con Isadora. A medida que la depresión gana terreno en mi cuerpo, atrapándome en los barrotes de su celda, mi mente y cuerpo se acercan más a mi gran amor, Isadora. Mi mente te sigue amando como el primer día, queriéndote desde la primera caricia, desde que nos fundimos en un solo cuerpo en nuestro refugio, cerca de la playa de la Laja. Ya no veo otra solución amor, si Dios no quizo que nos encontráramos en la Tierra, nos encontraremos en el cielo. Pero antes deseo revivir al máximo los recuerdos de nuestro amor, Isadora, por eso he regresado a la isla, para regresar a ti.

Paseo por las calles de la ciudad de Las Palmas, por el muelle, por las Alcaravaneras, por las Canteras desde La Puntilla al Confital. Y siento todo tan extraño y lejano, la soledad se vuelve más honda. De las Palmas de la postguerra, aquella donde nació nuestro amor, apenas queda nada. La mayoría de mis amigos, Isadora, ya no están, unos emigraron hacia América y otros se los llevó Dios o el régimen franquista. Muy pocos vecinos me recuerdan, y los que me recuerdan, ni siquiera me saludan.

Como es la vida, como la gente puede albergar tanto rencor y resentimiento y sobreponer los prejuicios por encime de la educación y las formas. A día de hoy, casi cincuenta años después de conocernos, todavía mucha gente de mi quinta me considera un desvergonzado indecoroso por enamorarme de una mujer de "mala nota". Si, Isadora, así te llamaban y esto es lo más suave que oí sobre ti. Pero yo te amaba y te amo y no me importa nada, quería empezar contigo, formar una familia junto a ti, pero todo se desvaneció el día que desapareciste para no volver jamás.

Ojalá alguien me supiera decir a donde van los desaparecidos, si estás viva o muerta ¿Dónde estás mi amor, dónde?

Se que no lo sé, quizás tú tampoco lo sepas. Pero dentro de muy poco, cuando las estrellas brillen en el cielo y la luna llena llene de contrastes el cielo caminaré hacia tí, hacia tu recuerdo. Y me iré acercando al mar, sintiendo la arena mojada en mis pies, mientras recuerdo tu rostro, tus besos, tu piel, ahora el mar me envlverá en mi última danza terrenal y me llevará hacia ti. Te quiero, te quiero, Isadora, y ya para este viejo cansado marinero es muy difícil vivir sin ti.....

El mar lo abrazó, se lo llevó a su interior. Nadie más supo de él, nadie más lo pudo encontrar. Solo un niño, un día jugando en las Canteras encontró una cadenita de plata como único recuerdo de su existencia.

Y muchos dicen que las noches de luna llena, al pasear por las Canteras ven dos estrellas fugaces brillar con fuerza en el cielo y destellos de cola de sirena cerca de "La Barra". Muchos dicen que son alucinaciones o efectos ópticos del agua, mientras que algunos pocos dicen que es el espíritu de un pobre viejo marinero que nada con su sirena. Pues dice una vieja leyenda que todo hombre amante del mar tiene una sirena a su lado que lo protege, solo es cuestión de encontrarla........

CONTINUARÁ.................
Autores: Nayra del Rosario Hernández Benitez
Aarón Moreno Borges

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