viernes, 29 de mayo de 2009

"ZULEIMA, ARENA Y SAL"







Me siento, mar, a oirte.
¿Te sentarás, tú, mar, para escucharme?
Rafael Alberti
"Pleamar"
La lava que cubrió sus muslos aquella noche de luz trémula se llevó sus ilusiones, se llevó el palpitar de la nueva vida que empezaba a habitar dentro de su ser. A sus pies, ya de regreso del hospital, en su habitación, Doramas lamía su piel sudorosa y fría en un intento de calmar su llanto, mientras Óscar le sostenía su mano diciéndole palabras de ánimo y alivio.
Días después, al amanecer, le pidió a Óscar que la acompañara a Famara con Doramas y que una vez allí la dejara sola con su dolor. Y así fue como aquel día Hanah empezó a dialogar interiormente con el mar, el mar azul, vivo y fuerte que cubría la playa de Famara untando con su sal y la pureza de su agua su cuerpo, como si de un bálsamo se tratara, para intentar aliviar el vacío, el silencio sepulcral que se había impuesto en su vida tras la muerte de su hijo.
Zuleima, ajena al dolor de su amiga, acompañaba un día más a Juan, que con el paso del tiempo había mejorado bastante. Lo suficiente como para volver en unos días a la Bella Isadora.
Mientras llegaba ese día Juan seguía contando sus vivencias, intercaladas con las de ella, como dos nenúfares flotando en el lago de la vida donde sus flores, blancas, grandes y solitarias, se hubieran unido en una simbiosis de amor paterno-filial expresando sus más profundas confidencias desde el corazón.
.......Y vino mi padre que estuvo en la guerra de España, prisionero en la batalla del Ebro, donde no podía salir el cogote porque lo fusilaban, apenas comía y de noche se escapaba a rastras para comer las piñas de millo de un campo cercano. Y ya nada fue igual. Del hombre alegre, amante de su mujer y el mar, cariñoso con sus hijos, apenas quedaba un resquicio. Apenas hablaba, sólo lo necesario, se volvió para nosotros un extraño. Ya nunca más vi la mirada del amor brillando en los ojos de mi madre, todo se volvió lúgubre y gris como el uniforme de los nacionales.
Pero lo peor no había llegado, la tormenta de su vida, al morir mi madre, se convirtió en un fiero huracán de alcohol y meretices. Yo, como te dije, me tuve que hacer cargo del negocio del "cambullón" y de mis hermanos prácticamente solo. Tuve que madurar y hacerme hombre muy rápido, pues a pesar de no ser el hijo primogénito, como era el mayor de los varones tenía que ayudar a mis hermanas también, pues en la costura y limpiando la casa de las señoritas de la ciudad, ahi tampoco se ganaba demasiado.
Aquella época fue muy dura, mi padre moriría poco después de yo cumplir la mayoría de edad. De tanto beber acabó echando el hígado por la boca. A pesar de que hacía mucho tiempo que había perdido al padre cariñoso y afable de los primeros años de mi infancia, sentí el dolor de su muerte profundamente, a la vez que sentía una sensación agridulce y de alivio al ver que mi progenitor ya descansaba en paz y no deambularía más por el Muelle Grande como alma en pena, alcoholizado y enloquecido.
Fue aquel día en el cementerio al ver a Isadora, de lejos, a la sombra de un álamo vestida de negro, como nunca la había visto y cubriendo sus lágrimas con un pañuelo, cuando supe que me quería tanto como yo le amaba a ella. Me hubiera gustado correr hacia sus brazos, abrazarla, sentir su cuerpo abrazando el amasijo de dolor que era en ese momento mi cuerpo, pero no me atreví a hacerlo, por prejuicios, por el que dirían los vecinos y mi familia si me veían abrazado a unas de las más conocidas y hermosas meretrices del Muelle Grande.
Jamás me he arrepentido tanto de no hacer algo en mi vida como aquel día. Nunca me dejaré de preguntar si mi vida hubiera cambiado al acercarme a ella en aquel momento. ¡¡Oh, Dios mío, si hubiera sabido que nunca más la volvería a ver hubiera ido a su encuentro, hubiera sido más valiente y habría luchado por tenerla a mi lado!! Desapareció aquella noche con la luna como único testigo sin dejar ninguna huella y pista de su paradero, sólo una medallita de plata con la Virgen del Cobre, de la que me contó nunca se había separado de ella desde el día de su nacimiento en la Habana donde se la había puesto su madre, sólo, solamente encontré esa medallita en nuestro lugar secreto.........
El monitor cardíaco empezó a sonar fuertemente y una enfermera entró para administrarle un sedante a Juan. Zuleima salió de la habitación conmovida por la historia de su amigo y algo intranquila por su agitación. Intranquilidad que más tarde se vería disipada al salir la enfermera y comentarle que tuviera calma, todo iba bien, el monitor había sonado por aumento ligero de la frecuencia cardiaca al emocionarse su corazón, pero no había porque asustarse ni preocuparse, ya estaba fuera de peligro y pronto volvería a casa.................
CONTINUARÁ............
Autores: Nayra del Rosario Hernández Benítez
Aarón Moreno Borges

2 comentarios:

Lourdes dijo...

Hola Aarón, aunque no lo parezca sigo tus relatos y el blog pero no tengo tiempo para naaaadddiiitttta!! Espero que nos veamos pronto, a ver si cuadramos un dia con las chicas.
Chicas vamos a vernos un día, mañana o tarde me da lo mismo aunque ahora lucía sale a las tres y he de contar con eso. Un besote a todos/as
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!! estos enanos van a acabar conmigo, soocoooooooooooorroooooooooooooooooooooooooooo!!!!!

Maribella dijo...

Aarón yo también te sigo, aunque no puntualmente, espero que podamos buscar un hueco para podernos ver.
Lourdes entiendo tu SOS.Ya me queda menos para acabar los exámenes y será más facil buscar un día para quedar. Paciencia, los enanos que tu tienes CRECEN.
Un beso grande para TODOS.