
Una de las pancartas exhibidas durante la manifestación contra la xenofobia y el racismo del 16 de junio de 2006, que recorrió las calles de Santa Cruz de Tenerife.
Todo comenzó con el odio a Gran Canaria, pero empezó a degenerar con los cayucos. Los negros, los moros, el Gran, los ataques a Nivaria y, el colmo, el editorial sobre la tragedia de Barajas. Esta es la crónica de un delirio.
DANIEL MILLET Fue a finales de 2002, coincidiendo con la intensificación de la llegada de inmigrantes en cayuco a Tenerife, cuando los editoriales del periódico El Día empezaron a cobrar tintes xenófobos y racistas, y a generar las primeras denuncias públicas. Hasta ese momento nadie había hecho apenas caso al insularismo infantiloide, quijotesco y por fases apocalíptico que se repetía machaconamente cada vez que el editor-director, José Rodríguez Ramírez, imaginaba cualquier treta de los canariones. Un día los de enfrente se querían llevar el Teide, otro nos querían quitar la universidad, al siguiente tramaban planes para el traslado de esta o aquella oficina... Pero, el fenómeno migratorio introdujo una nueva fobia y, lo que fue peor, un lenguaje que sobrepasó la raya deontológica: "Policías para Tenerife, no; pero moros y negros sí". "Los peligros son muchos: pérdida de identidad; pérdida de puestos de trabajo, porque la mano de obra que ofrecen es tentadora; salud en peligro; delincuencia hasta al aire libre y con sol...". "Nadie ha sido capaz de acabar con este fenómeno que está dejando pequeño el desembarco de Normandía". "Canarias sufre una invasión de africanos de raza negra pura -salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-, la cual prima sobre la blanca en caso de mezclarse"...
DANIEL MILLET Fue a finales de 2002, coincidiendo con la intensificación de la llegada de inmigrantes en cayuco a Tenerife, cuando los editoriales del periódico El Día empezaron a cobrar tintes xenófobos y racistas, y a generar las primeras denuncias públicas. Hasta ese momento nadie había hecho apenas caso al insularismo infantiloide, quijotesco y por fases apocalíptico que se repetía machaconamente cada vez que el editor-director, José Rodríguez Ramírez, imaginaba cualquier treta de los canariones. Un día los de enfrente se querían llevar el Teide, otro nos querían quitar la universidad, al siguiente tramaban planes para el traslado de esta o aquella oficina... Pero, el fenómeno migratorio introdujo una nueva fobia y, lo que fue peor, un lenguaje que sobrepasó la raya deontológica: "Policías para Tenerife, no; pero moros y negros sí". "Los peligros son muchos: pérdida de identidad; pérdida de puestos de trabajo, porque la mano de obra que ofrecen es tentadora; salud en peligro; delincuencia hasta al aire libre y con sol...". "Nadie ha sido capaz de acabar con este fenómeno que está dejando pequeño el desembarco de Normandía". "Canarias sufre una invasión de africanos de raza negra pura -salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-, la cual prima sobre la blanca en caso de mezclarse"...
Los sindicatos UGT y CC OO daban el primer paso al solicitar, en noviembre de 2002, al Foro Canario de la Inmigración la adopción de medidas legales contra estos editoriales por considerar que transgredían el artículo 510 del Código Penal contra "los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, procedencia, religión o creencias". Ni el Foro ni los sindicatos actuaron, la inmensa mayoría de los representantes de las instituciones públicas y privadas siguieron pasando olímpicamente y las muestras de estupefacción apenas se circunscribieron a debates semiclandestinos, foros digitales, círculos culturales y contubernios políticos, mientras los editoriales continuaban en su línea pleitista-xenófoba, enriquecidos por insultos -"godo", "rata", "rastrero", "caballo de Troya", "apestoso", "sanedrín", "cáncer", "fétido", "terroristas sociales", etc.- hacia quienes osaran criticar siquiera sutilmente una visión definida entonces por el secretario de UGT, José Juan Benavente, como "incendiaria".
Algo empezaba a moverse, no obstante, cuando el 18 de junio de 2006 una concentración de no más de medio millar de personas, organizada por el colectivo Tod@s somos migrantes, se paraba por un momento frente a la sede de El Día para reprobar los artículos ofensivos. Entonces irrumpió Mateo López, un asesor del alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo. Apareció al frente de un colectivo del que no se había oído hablar antes y no se ha oído hablar más, Identidad Canaria, para rescatar la ley de residencia, un objetivo que no hacía sino camuflar otra respuesta más excluyente y retrógrada ante la nueva realidad migratoria. Un lluvioso domingo 29 de octubre de 2006, Identidad Canaria, el CCN de Ignacio González, el PNC de Juan Manuel García Ramos y los ultraderechistas de Democracia Nacional no alcanzaron a reunir en la capital tinerfeña a más de 3.000 personas en una manifestación, impulsada explícitamente por la línea editorial de El Día, que desembocó en una tímida y desagradable llovizna que sólo sirvió para dejar por unas horas las calles regadas de lemas del estilo Ni uno más, Basta ya, No cabemos más, Lucha canario por tu tierra, Alto a la invasión o La Isla se hunde. Honores, placas y calles. José Rodríguez seguía paralelamente incrementando su colección de títulos honoríficos y nombres de calles y plazas a lo largo y ancho de la geografía insular. Su pública ansia de protagonismo había encontrado siempre respuesta: Medalla de Oro de la Isla otorgada por el Cabildo de Tenerife, una calle con su nombre en La Laguna, Hijo Adoptivo de Arico, una plazoleta con su nombre en Arafo... Lo que sigue está reflejado en el expediente con el que el pleno del Ayuntamiento de La Laguna, del 19 de marzo de 1999, dio el visto bueno a la nueva calle José Rodríguez Ramírez: "En sus actuaciones periodísticas, ha simbolizado las más sublimes virtudes de la encomiable profesión que durante tantos años ha ejercido como director de El Día. La imparcialidad y la búsqueda de la verdad son los paradigmas que desde siempre le han caracterizado. Su figura ha sido un referente para los responsables políticos y sociales y, muy especialmente, para los profesionales del periodismo". Por fin llegaban los baños de gloria para un hombre que de joven iba para perito mercantil, luego sacó unas oposiciones para el extinto Instituto de Previsión y terminó logrando lo que tanto tiempo y esfuerzo le llevó: agarrar las riendas del diario que había fundado, en 1910, su tío Leoncio Rodríguez.
Todavía faltaban más honores, incluso cuando, a finales de 2006, los editoriales ya nos habían brindado algunas de las mejores perlas sobre inmigración. "No vamos a proponer un pim-pam-pum contra las embarcaciones que lleguen desde África, pero ¿para qué van a servir las patrulleras, los aviones y el satélite anunciados si no se actúa de forma contundente". Este último extracto es de tan sólo varios meses antes de que, el 16 de diciembre de 2006, el pleno del Cabildo de Tenerife aprobara por unanimidad la propuesta de designar a José Rodríguez candidato al Premio Canarias de Comunicación 2007.
Los tres grupos políticos con representación -CC, PP y PSC- avalaron la propuesta. La cosa no iba a quedarse ahí. Incluso volvió a traspasar las fronteras del papel cuando, en junio de 2007, un colaborador del periódico, Carlos Lugo, se adjudicaba el premio periodístico mejor dotado de Tenerife (12.000 euros) con dos artículos titulados La Yihad Islámica. La obsesión de Marruecos por conquistar Canarias I y II. No fue casualidad que el editor-director formara parte del jurado de los galardones que concede la empresa hotelera Mare Nostrum. Los artículos venían a decir que la inmigración era una suerte de mecanismo de Marruecos para invadir e islamizar Canarias y llegaban a alentar un miedo disparatado a que se colaran terroristas armados hasta los dientes en las barcazas. En la ceremonia del certamen, delante de los máximos representantes de las administraciones públicas tinerfeñas y de José Rodríguez, el autor llegó a decir: "Nunca he visto que el musulmán haya sido un pueblo poblador y un pueblo inmigrante, sino un pueblo conquistador, y donde quiera que ha ido ha sido para establecer su doctrina y religión", "a Canarias no pueden venir a evangelizar porque tenemos a Jesucristo", "es hora de que los canarios tengamos la conciencia de si estamos siendo conquistados silenciosamente". Ninguno de los invitados rechistó. Eso sí, el autor precisó en su discurso: "No quiero ser radical".El premio de la vergüenza. Sí hubo asistentes que se sonrojaron, pero lo mantuvieron en la intimidad, por lo menos hasta que pasaron unos días y una primera denuncia de Antonio Rodríguez, miembro de uno de los enemigos de los editoriales de El Día -el colectivo ecologista Ben Magec- ponía el asunto sobre la mesa. El ganador del segundo premio, Buenaventura Rodríguez, anunciaba unas semanas después que devolvía los 6.000 euros. "Sólo los fanáticos, los simples de mente y los extremistas hacen generalizaciones en torno a un grupo humano", escribió Buenaventura en el texto en el que fundamentó su renuncia. "En la concesión del Mare Nostrum jugaron factores que nada tienen que ver ni con el conocimiento de los premiados ni con la calidad periodística", concluyó. Varios días después, se sumaba otro periodista que se presentó al concurso. Jorge Batista, que se quedó fuera del cuadro de honor, fue una de las únicas personas que felicitó públicamente a Buenaventura Rodríguez en un artículo en el que escribió: "Alguien dijo que solamente deberíamos usar la palabra cuando pudiéramos mejorar el silencio. Así que, tras la entrega de los Premios Mare Nostrum y la ópera bufa allí representada, la vergüenza ajena, el horror ante la estupidez y el espanto ante frases lanzadas al aire desde la ignorancia más atrevida me aconsejaron refugiar la indignación en los rumores de las olas". Ni estas reacciones, ni otras siguientes, ni una ciberacción espontánea valieron de nada. Sí pudieron haber ejercido una pequeña influencia las firmas recogidas por alumnos de la facultad de Periodismo de la Universidad de La Laguna para que José Rodríguez no recibiera el Premio Canarias, aunque más bien lo crucial -que ya esperaba el propio editor-director de El Día- fue que la decisión no dependería exclusivamente de las administraciones nivarienses. Y, claro, como había manos canarionas, el premio se lo terminaron dando a los trabajadores de Televisión Española en Canarias, en pleno expediente de reducción de plantilla y programación.
El Gran, el alfabeto y el escudo. Los editoriales contra negros y moros se fueron difuminando a medida que descendió el ritmo de llegada de cayucos, aunque ya por entonces José Rodríguez había abrigado tres nuevas vetas a explotar con sumo fervor: el Gran de la isla vecina con el que había que acabar, el orden alfabético que condena a Tenerife a ser la última y el escudo de Canarias que representa a todas las islas con idéntico tamaño y no refleja, para él, la grandeza y belleza de esa gran y excelsa ilusión que tantos quebraderos de cabeza y desasosiegos le han costado a don Pepito: Nivaria. Y eso que no había llegado aún la República Federal Independiente Canaria.
Ramón Afonso, uno de los estudiosos del pepitismo, defiende en un trabajo publicado por la revista digital Canarias Semanal que "la campaña soberanista de última generación", en la que han ido desfilando algunos de los nombres más granados del independentismo residual -como el mismísimo Cubillo- se abre el 25 de febrero de 2007 al aparecer en un editorial, titulado Madrid nos mira por encima del hombro, estas amenazas: "Canarias más libre e independiente que siempre mantendrá los lazos que le unen con la Península y con Europa, siempre y cuando nos dejen de tratar como súbditos de la metrópoli o como indígenas de su propiedad". Todo lo que vino después fue tildado como un nuevo delirio que añadir a este (Gran) disparate... "No podemos consentir que los canarios continuemos con la nacionalidad española. Eso es una afrenta al genocidio de nuestros antepasados. No olvidemos que, o somos canarios libres, o esclavos de los españoles, como ahora. O marroquíes, lo cual es todavía peor. Sólo como nación soberana nos libraremos de los moros". "La soberanía también pondría fin a la ambición de Canaria, isla nefasta para la unidad del Archipiélago a la que no le corresponde el gran. Canaria es una isla maldita que, como Caín, arremete contra su hermano". "Es necesario encontrar a esa persona que esté dispuesta a liarse a piñazos políticos con los canariones y canarionas que nos quieran robar más". Los sermones no se limitaban a los editoriales. Ahí está el pregón de don José del 6 de octubre de 2007 durante las fiestas patronales de Santa Úrsula: "Mi deseo es que se escuche algo de la música mía, la que he intentado componer para escribir con mis propias manos un original salido de mi cerebro, de mi vista, de mi pasión por la tierra canaria. Fiestas en honor a sus patronos, fiestas de la buena gente del país canario, con mayúsculas lo digo; escuchen y oigan bien, sí, del País Canario, que es un país por sí mismo...".
Es curioso que las únicas investigaciones judiciales que han merecido hasta ahora los contenidos xenófobos de El Día afecten a un poema que no se publicó en un editorial, sino en un artículo de opinión del pasado 4 de abril. Y eso que otro colectivo social, Queda la palabra, había llevado antes el caso a la Audiencia Provincia y a la Fiscalía del Estado. Fue una denuncia posterior, presentada por Ben Magec-Ecologistas en Acción el pasado 17 de abril, la que ha llevado al fiscal a pedir al periódico que le detalle quién es el que realizó el poema, firmado aparentemente con un seudónimo. Estos son algunos de los versos: "Como canarios vamos a defendernos / de esta oleada de cigarrones, / que nos están llegando a montones / y yo voy hacer el primero. / Comparemos mosquetones / pistolas, fusiles y cañones, / y hasta un barco cañonero / con ellos dispararemos, / y estos intrusos invasores / que regresen por donde vinieron". Firma: Arquímedes García Gotera.
La publicación de la constitución de la República Federal Canaria de Cubillo (capital en las faldas del Teide, el áfrico como moneda) o el apadrinamiento de un partido secesionista (Movimiento Patriótico Canario) por parte el editor-director empezaron a generar preocupación, principalmente en la Delegación del Gobierno central y en los altos mandos militares. Como dijo el teniente general José Luis Vega, Jefe del Mando de Canarias: "Este debate a la deriva lo veo con preocupación. Adultera la realidad y es germen de la división". Los ataques al Gran seguían siendo comentados en foros digitales y algún medio de comunicación con más sorna que otra cosa. El silencio seguía siendo la respuesta de las instituciones públicas, al igual que antes con la oleada xenófoba.
Hasta que llegó el colmo: un editorial pocos días después de la tragedia aérea de Barajas, en la que perecieron 70 personas residentes en Gran Canaria. "En segundo término, porque ese "gran" permite confundir a las personas ajenas al Archipiélago. Eso es algo que se ha podido comprobar ampliamente en estos días, tras el aciago accidente aéreo de Madrid. Medios de comunicación canarios, españoles y de todo el mundo han aireado a los cuatro vientos que el vuelo de Spanair se dirigía a Gran Canaria. En circunstancias parecidas, cuando Tenerife ha sido sede no de un luctuoso accidente, sino de cualquier acontecimiento importante, esos mismos medios han hablado de Canarias a secas". El Cabildo grancanario reaccionó unos días después. Prepara una moción contra los insultos de El Día que espera aprobar con el apoyo de todos los grupos políticos. Los partidos CC, PP y PSC de Gran Canaria calificaron de "inaceptables" los editoriales y clamaron contra la insensibilidad del editor-director en medio del dolor por las pérdidas humanas del accidente aéreo. A las críticas se sumaron las organizaciones empresariales grancanarias. Incluso, la nacionalista María de Mar Julios planteó llevar el caso a los tribunales. Mientras tanto, el presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, elude el asunto cada vez que se lo preguntan. Y en Tenerife, las administraciones públicas y las principales organizaciones empresariales no dicen ni pío, ignorando que el silencio es el mayor cómplice de la impunidad.
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