lunes, 14 de abril de 2008

JOSÉ LUIS SAMPEDRO. UN LUJO DE PERSONA, UN SENSACIONAL HUMANISTA, UN TIERNO ESCRITOR DE LA VIDA VIVIDA.


Inmigraciones en un mundo cambiante. Opinión José Luis Sampedro (*)

EN EL PANORAMA demográfico actual percibo dos grandes novedades. Una, que no voy a tratar, es la concentración urbana en enormes ciudades, lo que despuebla el campo y afecta a las relaciones sociales. Otra es la nueva dirección de los flujos migratorios, orientados al revés que en el pasado. Antes los pobres de los países ricos iban a las zonas pobres; hoy fluyen desde estas regiones hacia el mundo próspero.
Me pregunto por las causas de este cambio y las resumo como sigue, agrupadas en varios niveles.
Uno. De inmediato, la conocida explicación económica: el desigual reparto de los bienes de la Tierra entre la población humana. Para compensarlo se promete ayuda al desarrollo, pero son tan insuficientes que los pobres se lanzan a obtenerlas por su cuenta. Puesto que los bienes no llegan a los pobres, éstos acuden a buscarlos donde están. Hoy ya se alcanzan remesas de emigrantes superiores en valor a la ayuda oficial.
Dos. En el nivel político, del que depende lo económico, la causa es la toma de conciencia en los países atrasados, donde ya no se resignan al hambre como si fuera una fatalidad natural, pues saben que otras gentes viven en la abundancia. Por eso reclaman lo que consideran suyo y para lograrlo se organizan cada vez más eficazmente, además de la emigración individual, y procuran influir en los países receptores, donde se registran reacciones y conflictos.
Tres. Esas novedades obedecen a cambios a nivel social. Los países ricos sin apenas actuaciones positivas se aferran inquietos a sus privilegios y creen poder defenderlos con muros y barreras de discutible utilidad, mientras perseveran en prolongar su desarrollo desigual e insostenible, aun a costa de desmentir sus valores constitutivos. Por su parte, los marginados aumentan su presión, impulsados por el recuerdo de tantas humillaciones, por el desencanto de sus ilusorias independencias, por la frustración de las ayudas prometidas y por los abusos de la neocolonización actual.
Cuatro. Finalmente, en lo más hondo de la realidad, si la contemplamos con visión histórica, se nos revela todo un replanteamiento de la estructura mundial: un escenario en el que declina Occidente mientras otras culturas extraeuropeas buscan una nueva modernidad. El conjunto evoluciona bajo el peso de una permanente contradicción total: la existente entre, por una parte, problemas planetarios (como el clima o el propio desajuste demográfico) necesitados de soluciones técnicamente posibles si alcanzan acuerdo unánime y, por otra parte, la conflictiva fragmentación actual de la sociedad humana dividida por intereses y ambiciones rivales que impiden el progreso común, aunque pretendan justificarse con ideologías patrióticas o religiosas.


(*) Economista y escritor, participante el día 15 de abril en el Foro Enciende África que organiza CajaCanarias

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