lunes, 21 de abril de 2008

DRISSA KANTÉ

Drissa Kanté nació en Tieoulena, Mali. En 1987 emigró a Costa de Marfil y finalmente a Francia donde pensó que tendría mejores oportunidades. A pesar de su situación irregular, como tantos otros inmigrantes, logró trabajar en la agricultura, pero en condiciones de permanente inestabilidad. Después de muchas vicisitudes, Drissa Kanté fue expulsado del país y repatriado a Mali. Tras meses de espera, logró, a través de un amigo español, obtener la documentación necesaria para trabajar en España. En la actualidad, es representante de Movimiento por la Paz, Desarme y Libertad en Canarias, en el que lucha por los derechos de los inmigrantes, sino por la justicia y el desarrollo económico en África.

Los inmigrantes como protagonistas del cambio. Opinión Drissa Kanté (*)


En la mayoría de los casos, las expulsiones de inmigrantes de Eu-ropa a África son un horror, ya que hay un gran abuso de poder y, además, no lo hacen como manda la Ley. Creo que en Europa una cosa es la Ley y otra bien distinta es cómo se lleva a cabo. No hay equivalencia entre la teoría y la práctica. Muchos argumentan que quieren ayudar a África, y para mí la mayoría miente, ya que en realidad se mueven por sus propios intereses.


Las mayores ayudas que llegan a África vienen de las remesas que mandan a sus familias los emigrados, que representa el 85 por ciento del dinero que entra, por lo que tendríamos que aprender a respetar más a estas personas, que valen muchísimo más que todo el petróleo y el gas que encontramos en el continente africano. Si no fuera por la inmigración, no podríamos siquiera hablar de África, ya que los países ricos ni se acordarían.


En cuanto a los dirigentes africanos, dejan mucho que desear, ya que no se preocupan por su gente y lo único que quieren es llenarse los bolsillos. La corrupción y las amenazas son los más normal en África, ya que con dinero se puede hacer cualquier cosa y se aprovechan de sus cargos para andar a sus anchas y para asegurarse su futuro, por ello la población no confía en los políticos y además no pueden ver las ayudas que reciben desde el exterior, porque se quedan siempre en los mismos bolsillos.


Si realmente queremos trabajar en África y ayudar hay varias opciones: dejar de enviar dinero a las autoridades y venir al terreno para trabajar directamente con la población; controlar a las ONG que llegan a Malí, ya que muchas de ellas sólo vienen a engañar a la población en su propio beneficio y son tan malas o peores que el propio gobierno; trabajar con la colaboración de otros inmigrantes que vuelven a sus países de origen, ya que conocen de primera mano la realidad de su gente y pueden llegar con más facilidad al resto de la población, y, a través de asociaciones de inmigrantes, trabajar sensibilizando a la población y colaborando en la reconstrucción del país. Así, tal vez llegue el auténtico desarrollo, ya que en manos de la propia gente autóctona no habría un problema de conflictos de intereses entre las autoridades y las ONG extranjeras.

(*) Representante de Movimiento por la Paz, Desarme y Libertad en Canarias, participante el día 22 de abril en el Foro Enciende África que organiza CajaCanarias

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